¿No se supone que es nuestro gran evento musical?, ¿Que es el más grande Latinoamérica, ¿Que se transmite a decenas de países y en definitiva es la imagen de Chile en el mundo??
¿¿Acaso queremos que el resto del planeta vea a un señor peliteñido, ataviado con una camisa de lentejuelas cantando canciones que no le pertenecen y con menos voz que Cathy Barriga y David Hasselhoff juntos??
Más de alguno lo defenderá diciendo “pero el público le regaló una antorcha”… Bueno, cualquiera se lleva una antorcha si minutos antes le compra un sándwich de lomito a cada uno de los presentes. Patético.
Lo único que me queda claro es que el fenómeno Farkas ha sacado a relucir lo peor de lo nuestro, dejando a la vista el país bananero que somos, lo fácil que nos sorprendemos con el brillo y la opulencia, y la falta total de coherencia en nuestros discursos.
Si, lo acepto, la mayoría de mi ropa la compro en las liquidaciones, pero incluso así se que usar lentejuelas es de pésimo gusto, que las plumas del vestido de su señora eran dignas de un cabaret, que el rubio de su pelo es chulo, que tanto oro repartido por su cuerpo es digno de un new rich y que usar pieles de animales muertos no sólo es de mal gusto, es un crimen.
Farkas es todo lo que se suponía que los chilenos odiábamos, un señor arrogante, con pésimo gusto y recargado, digno de una teleserie de Miami, de un casino barato de Las Vegas, de un crucero ochentero para la tercera edad.
Inseguridad. Si fuera psicólogo ese sería mi diagnóstico para el señor Farkas. Leonardo necesita urgente sentir el aprecio del resto, quiere ser querido a cualquier costo, no acepta una crítica y sólo quiere ser amado.
Pero lo lamento mi querido rubio, tu no cantas bien, tú show en la quinta fue patético y la gente no te quiere, sólo grita por si acaso le regalas un billetito.
Hay tres cosas que con todo el dinero de tus minas en el norte aún no puedes comprar; talento, buen gusto y la opinión de este bloguero.












